La caída de Mauro Sergio: de un ícono de la industria textil de Mar del Plata a despedir 150 trabajadores
28 de julio de 2025
La histórica fábrica Textilana redujo su producción un 20% y recortó personal en medio de una reestructuración interna. La industria nacional de la indumentaria enfrenta una caída récord: cierre de pymes, baja del consumo y avalancha de productos importados.
El impacto de la apertura de importaciones en el sector textil argentino continúa profundizándose. Esta vez, la crisis golpeó a Mar del Plata, donde la empresa Textilana S.A., responsable de la tradicional marca Mauro Sergio, despidió a 150 empleados y redujo su producción en un 20 por ciento. La decisión forma parte de una reestructuración interna forzada por la abrupta caída de ventas y el sobrestock acumulado durante los últimos meses.
La empresa, fundada en los años setenta, había sido un ejemplo de producción integrada dentro del país, pero no logró escapar al deterioro general del rubro textil. Según denuncias gremiales, la fábrica opera con niveles mínimos de actividad, y muchos de los despidos se realizaron sin notificación formal ni pago de indemnizaciones completas.
El panorama se replica a nivel nacional. Datos de la Federación Económica de la Provincia de Buenos Aires (FEBA) indican que, entre enero y julio de este año, cerraron 68 pequeñas y medianas empresas textiles, se perdieron más de 4.000 empleos y hay más de 10.000 suspensiones. El uso de la capacidad instalada en el sector apenas alcanza el 40 por ciento.
A esto se suma un fenómeno creciente: la importación récord de indumentaria. Solo entre enero y mayo, las compras al exterior crecieron un 136 por ciento, alcanzando los 1.572 millones de dólares. Buena parte de esta mercadería ingresa por canales digitales, especialmente plataformas como Shein o Temu, que ofrecen precios muy por debajo del costo local. El valor promedio por kilo de ropa importada fue de apenas 5,67 dólares, una cifra que deja fuera de competencia a la producción nacional.
“La apertura indiscriminada y la sobrevaluación del peso están destruyendo nuestra industria”, advirtió Camilo Kahale, presidente de FEBA. Por su parte, Hugo Benítez, secretario general de la Asociación Obrera Textil (AOTRA), fue tajante: “Con la eliminación de aranceles, lo que se hace es subsidiar las importaciones a costa de los empleos argentinos”.
La situación es especialmente crítica en el conurbano bonaerense, donde más del 40 por ciento del equipamiento industrial textil permanece paralizado. La Fundación ProTejer, en su último informe, señaló que durante el primer trimestre del año cinco de cada diez empresas del sector registraron caídas en sus ventas, con una baja promedio del cinco por ciento respecto al mismo período de 2024.
Mientras el consumo interno no repunta y las prendas extranjeras ganan terreno, las fábricas locales se ven obligadas a reducir personal o directamente cerrar. El caso de Textilana es una muestra más de una crisis que no da tregua y que pone en jaque la sustentabilidad de uno de los sectores que más empleo genera en el país. La industria textil argentina, con más de medio millón de trabajadores, atraviesa su momento más crítico en décadas.